Sociales

Guayaquil Más Allá de la Zona Goldilocks; Calor

Por Stephen Forneris AIA LEED AP BD+C / Edición en español por Filiberto Viteri.

Durante aproximadamente 10,000 años la Tierra ha mantenido un clima notablemente estable—una zona Goldilocks que permitió que la civilización humana floreciera. Esta estabilidad climática, llamada época del Holoceno, ha sido la base de todo el progreso humano. Sin embargo, las proyecciones para el año 2080 indican que el cambio climático nos está empujando hacia territorios inexplorados. Guayaquil se va a calentar significativamente. ¿Estamos listos?

¿Qué tan caliente se pondrá? No estamos seguros, pero la quema de combustibles fósiles es una de las principales causas. Aun para los más escépticos resulta difícil negar la evidencia sobre desplazamientos y procesos migratorios globales que existen en especies de flora y fauna. El Naturgemälde der Anden de Alexander von Humboldt mostraba cómo diferentes elevaciones en el territorio creaban ecosistemas únicos desde el nivel del mar hasta los picos de las montañas. A medida que la temperatura cambiaba con la altitud, también lo hacían las especies vegetales. Ahora, con el aumento de las temperaturas globales, estamos viendo los paisajes que retrató Humboldt cambiar en tiempo real—esta vez impulsados por el impacto humano, no por la altitud.

Cardúmenes de peces que alguna vez fueron abundantes frente a las costas de Ecuador y Perú se están moviendo hacia aguas más frías. Los insectos, empujados por las altas temperaturas, se desplazan acarreando enfermedades que empiezan a afectar por primera vez a poblaciones del norte. Incluso el vino ha cambiado: el Riesling alemán y austriaco, antes dulce, ahora produce un delicioso vino blanco seco gracias al calentamiento en el valle del Rin.

La respuesta de los humanos parece lenta a pesar de que muchos entienden la crisis y están trabajando para abordarla. Debemos dejar de quemar combustibles fósiles y acelerar nuestra transición a energías renovables. Pero incluso si detuviéramos todo el uso de combustibles fósiles hoy, el clima seguiría cambiando debido a lo que ya está en la atmósfera. Va a hacer más calor.

Calor – ¿Y Qué?

La lenta respuesta de los humanos al aumento de las temperaturas se debe a nuestras estrategias únicas de adaptación. Nuestros cuerpos mantienen la temperatura central en aproximadamente 98.6°F (37°C). Cuando la temperatura interna excede los 109.4°F (43°C), la muerte se vuelve virtualmente segura—esto es un hecho fisiológico. Regulamos el calor temblando cuando hace frío y sudando cuando hace calor. Pero esto tiene límites; aquí es donde entra en juego nuestra segunda estrategia: los edificios. Hemos construido estructuras para protegernos de climas extremos durante mucho tiempo. El desafío se debe a que la manera en la que construimos hoy en día no funcionará mañana.

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Guayaquil Está Saliendo de la Zona Goldilocks

La zona Goldilocks es una banda de temperatura entre 9°C y 26°C—ideal para los humanos. Actualmente, Guayaquil permanece en esta zona aproximadamente el 80% del año. Sin embargo, el 20% del año, las temperaturas entran en la peligrosa zona de estrés térmico. Durante este período, a nuestros cuerpos se les dificulta disipar el calor cómodamente. Para evitar el sobrecalentamiento debemos utilizar varias estrategias; entre ellas buscar lugares más frescos o reducir la actividad física—el 80% del calor producido por nuestros músculos permanece en nuestros cuerpos, elevando la temperatura interna.

En este momento, la temperatura promedio de Guayaquil es de 26°C, en el borde superior de la zona Goldilocks. Para 2080, este perfil se invertirá: solo el 20% del tiempo se pasará en la zona Goldilocks, con el 80% en condiciones de estrés térmico o peligrosas. La temperatura promedio rondará los 29°C—demasiado caliente para sostener la vida humana de manera segura sin la asistencia de sistemas artificiales de acondicionamiento de aire, alterando el comportamiento laboral en sitios cálidos.

¿Qué Debe Cambiar?

Debemos tomar precauciones cuando el calor y la humedad hacen que nuestro ambiente exterior sea peligroso. En el entorno laboral, el estrés térmico puede monitorearse usando la Temperatura de Globo de Bulbo Húmedo (TGBH), que mide múltiples factores que afectan al cuerpo humano: velocidad del viento, humedad, radiación solar y temperatura. La TGBH proporciona una imagen más precisa del estrés térmico que la temperatura del aire por sí sola y es ampliamente utilizada por las fuerzas armadas, organizaciones deportivas y agencias de salud pública. Usando estas mediciones, podemos establecer horarios de trabajo seguros con períodos de descanso adecuados e hidratación. En días extremos, el trabajo al aire libre en ambientes no acondicionados puede ser imposible y necesitará pausarse.

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Históricamente, Guayaquil reconoció este peligro: la jornada laboral iba de 7 AM a mediodía, pausaba durante el calor máximo, y luego se reanudaba de 3 PM a 7 PM. A medida que las temperaturas aumentan, el trabajo de construcción y agrícola enfrentará limitaciones similares. Así como los climas del norte tienen días de nieve, Guayaquil puede necesitar políticas de días de calor o un retorno a los horarios de trabajo históricamente más seguros para proteger a los trabajadores.

Segundo, necesitamos cambios fundamentales en la arquitectura. Las estructuras contemporáneas son inadecuadas para el aumento de las temperaturas. Irónicamente, los edificios estaban mejor adaptados al calor antes de que existiera el enfriamiento mecánico. Paredes acondicionadas al clima local utilizaban bambú y madera, techos altos, ventilación cruzada con claraboyas y contraventanas exteriores para mantener frescos a los habitantes. Los edificios de vidrio aumentan el calentamiento pasivo, no el enfriamiento. La dependencia excesiva de la energía es derrochadora y sin sentido cuando el suministro eléctrico no es confiable. Las viviendas de bajos ingresos construidas con mampostería almacenan el calor durante el día y liberan energía por las noches.

The Heat Will Kill You First (El Calor Te Matará Primero), el libro reciente de Jeff Goodell, captura esta urgencia con su subtítulo: ‘Vida y Muerte en un Planeta Abrasado’. Nos estamos moviendo hacia ese mundo abrasado. Esto no solo está sucediendo en Guayaquil—está sucediendo en todas partes. La ola de calor de París en 2003 cobró la vida de casi 15,000 personas en toda Francia en cuestión de semanas. Lamentablemente, numerosas muertes se atribuyeron directamente a edificios que no permitían escapar del calor debido a sus techos metálicos que siguen una tradición de cientos de años. El calor es un asesino silencioso que se volverá cada vez más mortal a menos que cambiemos radicalmente cómo diseñamos edificios, regulamos el trabajo y pensamos sobre la vida urbana. Más allá de la adaptación individual y arquitectónica, necesitamos cambios regulatorios y estructurales radicales por parte de los gobiernos de todo el mundo. La zona Goldilocks que protegió a la humanidad durante 10,000 años está desapareciendo. Nuestra supervivencia depende de nuestra disposición a adaptarnos—inmediata y comprensivamente.

Guayaquil Beyond the Goldilocks Zone; Heat

By Stephen Forneris AIA LEED AP BD+C / Spanish Edit by Filiberto Viteri

For 10,000 years, Earth has maintained a remarkably stable climate—a Goldilocks zone that allowed human civilization to flourish. This climatic stability, called the Holocene epoch, has been the foundation of all human progress. Yet within the next century, climate change is pushing us into uncharted territory. Guayaquil is going to get significantly hotter. Are we ready?

How hot will it get? We aren’t sure, but burning fossil fuels is making it happen. Even skeptics cannot ignore what we see: all plant and animal life, are undergoing a planetary migration. Alexander von Humboldt’s Naturgemälde der Anden showed how different elevations created unique ecosystems from sea level to mountain peaks. As temperature changed with altitude, so did plant life. Now, with global temperatures rising, we’re watching Humboldt’s environments shift in real time—this time driven by human impact, not altitude.

Schools of fish once plentiful off Ecuador and Peru are moving to cooler waters. Insects, assisted by warming temperatures, carry diseases to northern populations that have never encountered them. Even wine has changed: German and Austrian Riesling, once sweet, now produces a delightful dry white thanks to warming in the Rhine valley.

Humans seem slowest to adapt, though many understand the crisis and are working to address it. We must stop burning fossil fuels and accelerate our transition to renewable energy. But even if we stopped all fossil fuel use today, the climate would continue to change because of what’s already in the atmosphere. It’s going to get hotter.

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Hot – So What?

Humans’ slow response to rising temperatures stems from our unique adaptation strategies. Our bodies maintain core temperature at approximately 98.6°F (37°C). When internal temperature exceeds 109.4°F (43°C), death becomes virtually certain—this is a physiological fact. We regulate heat through shivering when cold and sweating when hot. But this has limits, which is where our second strategy—buildings—comes into play. We’ve long built structures for extreme climates. The challenge is that how we build today won’t work for tomorrow.

Guayaquil is Leaving the Goldilocks Zone

The Goldilocks zone is a temperature band between 9°C and 26°C—ideal for humans. Currently, Guayaquil remains in this zone about 80% of the year. However, 20% of the year, temperatures enter the dangerous heat stress zone. During this period, our bodies cannot comfortably shed heat. To avoid overheating, we must seek cooler places and reduce physical activity—80% of heat produced by our muscles remains in our bodies, pushing internal temperature higher so the only solution is to stop, rest, drink water and seek cooler areas.

Right now, Guayaquil’s average temperature is 26°C, at the upper edge of the Goldilocks zone. By 2080, this profile will flip: only 20% of the time will be spent in the Goldilocks zone, with 80% in heat stress or dangerous conditions. The average temperature will hover around 29°C—too hot to safely sustain human life without the assistance of artificial cooling or significantly altering work behavior when not in cooled environments

What Must Change?

We must take precautions when heat and humidity make our outdoor environment dangerous. In the work environment heat stress can be monitored using Wet Bulb Globe Temperature (WBGT), which measures multiple factors affecting the human body—wind speed, humidity, solar radiation, and temperature. WBGT provides a more accurate picture of heat stress than air temperature alone and is widely used by the military, athletic organizations, and public health agencies. Using these measurements, we can establish safe work schedules with adequate rest periods and hydration. On extreme days, outdoor work in unconditioned environments may be impossible and will need to pause.

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Historically, Guayaquil recognized this danger: the workday ran from 7 AM to noon, paused during peak heat, then resumed from 3 PM to 7 PM. As temperatures rise, construction and agricultural work will face similar constraints. Just as northern climates have snow days, Guayaquil may need heat day policies or a return to historically safer work schedules to protect workers.

Second, we need fundamental changes in architecture. Contemporary structures are inadequate for rising temperatures. Ironically, buildings were better suited for heat before mechanical cooling existed. Thick walls with thermal resistance using wood, Bamboo covered in plaster or cement, high ceilings, liberal ventilation, and exterior shutters all kept inhabitants cool. Glass buildings increase passive heating, not cooling. Over-reliance on energy is wasteful and meaningless when power supply is unreliable. Lower-income masonry homes act as heat batteries, storing and releasing energy continually.

The Heat Will Kill You First, Jeff Goodell’s recent book captures this urgency with its subtitle: ‘Life and Death on a Scorched Planet.’ We are moving into that scorched world. This isn’t just happening in Guayaquil—it’s happening everywhere. Paris’s 2003 heatwave killed nearly 15,000 people across France in a matter of weeks. Sadly, numerous deaths were directly attributed to buildings, not allowing people to escape deadly heat from underneath beautiful metal roofs the way the city has been built for hundreds of years. Heat is a silent killer that will become increasingly deadly unless we radically change how we design buildings, regulate work, and think about urban life. Beyond individual and architectural adaptation, we need sweeping regulatory and structural changes from governments worldwide. The Goldilocks zone that sheltered humanity for 10,000 years is disappearing. Our survival depends on our willingness to adapt—immediately and comprehensively.

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