LA ARQUITECTURA SALE A LA CIUDAD: QUITO SE PREPARA PARA UNA BIENAL QUE SE PODRÁ TOCAR
En el marco del Día Mundial de la Arquitectura y el Hábitat, el Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha pone sobre la mesa dos discusiones fundamentales: el valor de la arquitectura como profesión y su capacidad de transformar la vida cotidiana. La XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito llevará esta reflexión directamente al espacio público a través de nueve pabellones que se construirán en distintos puntos de la ciudad.
Quito, 5 de octubre de 2026.– ¿Qué ocurre cuando la arquitectura deja los auditorios, sale a la calle y se encuentra directamente con la gente? ¿Qué pasa cuando una plaza, un parque o un patio se convierten en lugares para tocar, jugar, encontrarse, aprender y mirar la ciudad de otra manera?
Estas preguntas atraviesan las acciones que el Colegio de Arquitectos del Ecuador – Provincia de Pichincha presenta este año en el marco del Día Mundial de la Arquitectura y el Hábitat y que tendrán uno de sus momentos más importantes durante la XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito, que se desarrollará del 23 al 27 de noviembre de 2026 bajo una provocación clara: PROHIBIDO NO TOCAR.
La conmemoración de este año se alinea con la reflexión planteada por la Unión Internacional de Arquitectos alrededor de la vivienda como un derecho. Hablar de vivienda y hábitat implica también hablar de la calidad de los espacios que construimos, de las ciudades que habitamos y del papel que tienen arquitectas y arquitectos en esos procesos.
En ese contexto, el CAE-P trabaja además en la actualización de la tabla de aranceles profesionales, una herramienta necesaria para volver a poner en valor el trabajo de los arquitectos y reconocer la responsabilidad técnica, intelectual y social que implica ejercer la profesión. Defender una arquitectura de calidad implica también defender las condiciones que permiten producirla y reconocer justamente el conocimiento y el trabajo profesional que están detrás de cada proyecto.
Esta reflexión encontrará en noviembre una dimensión física y urbana. La XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito propone que la arquitectura no permanezca únicamente dentro de los escenarios tradicionales de discusión disciplinar. La Bienal quiere salir de los auditorios, desbordarse por Quito y encontrarse con la ciudad.
Para hacerlo, nueve pabellones temporales se insertarán en el espacio público, construyendo una red de arquitectura que atravesará distintos sectores de la capital.
Cinco estarán ubicados en el Centro Histórico de Quito: dos en el bulevar de la 24 de Mayo, uno en la Plaza de Santa Clara, uno en la Plaza de San Marcos y uno en el patio del Museo del Carmen Alto.
Otros cuatro se instalarán en el centro norte: en el Parque La Alameda, la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, el Parque El Ejido y la Plaza Gabriela Mistral.
Los nueve pabellones son el resultado de un concurso lanzado en enero de 2026 y expresan, desde sus propios autores, la diversidad que busca construir esta edición de la Bienal. Entre los equipos ganadores existen arquitectos nacionales e internacionales, así como estudiantes de arquitectura de Cuenca y Quito. Diferentes generaciones, procedencias y maneras de aproximarse a la disciplina coincidirán así en una misma ciudad.
Pero estos pabellones no serán únicamente objetos para ser observados.
Serán arquitecturas para ser habitadas, atravesadas, tocadas y transformadas por el uso. Estarán expuestas al sol y a la lluvia, al paso del tiempo, a las dinámicas cotidianas de los barrios y, sobre todo, al contacto directo con quienes viven la ciudad.
Allí aparece una de las apuestas fundamentales de PROHIBIDO NO TOCAR: devolverle a la arquitectura su condición física. Frente a un mundo en el que cada vez conocemos más edificios a través de una pantalla, la Bienal propone volver al cuerpo, a la escala, al material, al recorrido y a la experiencia directa.
Y dentro de esa experiencia, las infancias ocupan un lugar fundamental.
Los niños y niñas no serán entendidos únicamente como espectadores de la ciudad, sino como actores capaces de apropiarse de ella, cuestionarla, recorrerla y transformarla. Los pabellones incorporarán esa posibilidad de interacción y permitirán observar algo que pocas veces forma parte de la conversación arquitectónica: qué sucede cuando la ciudad se piensa también desde la altura, el movimiento, la curiosidad y la libertad de un niño.
Durante una semana, la arquitectura estará así expuesta a aquello que finalmente le da sentido: la vida.
La Bienal propone que hablar de arquitectura sea también hablar de espacio público, patrimonio, vivienda, barrios, infancia, clima, materialidad y ciudadanía. Que la disciplina vuelva a preguntarse no solamente cómo se ve una obra, sino qué provoca, qué relaciones construye y qué capacidad tiene de hacer ciudad.
Del 23 al 27 de noviembre, Quito no será únicamente la sede de una bienal de arquitectura. Quito será parte de la Bienal.
Porque esta vez la arquitectura no estará solamente sobre un escenario.
Estará en la calle. Y estará prohibido no tocar.